Boeing ha relevado a su consejero delegado, Dennis Muilenburg, según ha informado hoy el gigante de la aeronáutica. El primer ejecutivo de la empresa estaba en primera línea de los focos a causa de los catastróficos errores de diseño del Boeing 737 Max que provocaron dos accidentes aéreos, la muerte de 346 personas entre octubre de 2018 y enero de 2019. Desde entonces, este aparato tiene prohibido volar.

Será relevado a partir del 13 de enero por el presidente, David Calhoun, quien compatibilizará los dos cargos. Mientras tanto, el consejero Lawrence Kellner será presidente no ejecutivo, y el director financiero Greg Smith, CEO.

La dimisión de Muilenburg había sido barajada por los medios en los últimos meses, especialmente desde que la empresa le retiró el cargo de presidente. La presión aumentó la semana pasada, cuando el administrador de la FAA (autoridad estadounidense del transporte) Steve Dickson, quien amonestó al CEO de Boeing, Dennis Muilenburg, por dar un calendario poco realista para la vuelta al servicio del aparato. Además, en sus comparecencias en el Congreso para aclarar la crisis, Muilenburg se topó con decenas de familiares de las víctimas de los accidentes.

«El consejo de administración ha decidido que un cambio en el liderazgo es necesario para restaurar la confianza en la compañía mientras trabaja en reparar las relaciones con reguladores, clientes y otras partes vinculadas», indicó Boeing en un comunicado.

El despido del ejecutivo llega mientras la empresa intenta desbloquear las aprobaciones regulatorias para la que era su aeronave estrella. Las acciones han subido tras conocerse la noticia. Boeing ha tenido que parar la producción del 737 Max, dado que no puede entregar los pedidos al carecer de permisos de vuelo y acumula varias decenas de aparatos sin estrenar.

Aunque los fallos de diseño que provocaron los accidentes son previos a la llegada al cargo de Muilenburg, en su debe sí está la respuesta de la empresa a la crisis. La empresa culpó a la falta de mantenimiento de la empresa el primero de los accidentes, el sufrido por un Lion Air indonesio. La empresa después admitió que un sistema de estabilización automático llamado MCAS jugó un papel clave en los dos accidentes, haciendo descender el morro del avión 20 veces tras haber recogido lecturas erróneas.

Boeing no había incluido referencias a este sistema en el manual de vuelo, y los pilotos del Lion Air no sabían que existía. Poco después de estrellarse el segundo avión, un Ethiopian Airlines, y mientras las autoridades de todo el mundo ordenaron dejar en tierra el 737 Max, Muilenburg insistía en defender el 737 Max y en pedir más investigación. La empresa tardó semanas en pedir disculpas, y las investigaciones posteriores afloraron nuevos errores que Boeing conocía pero de los que no alertó a los supervisores. Las relaciones con la FAA también han sido fuente de preocupación y dudas para la industria. 

Durante el mandato de Muilenburg la empresa consiguió convertirse en la mayor firma industrial de Estados Unidos, aprovechando la etapa de tipos bajos y la alta demanda de aviones en Asia, convirtiendo en rentable el 787 Dreamliner. La generosidad con el accionista de la empresa permitió que la acción triplicase precio entre 2016 y principios de 2019. Para eso Muilenburg llevó a cabo una estrategia muy agresiva de recorte de costes en la empresa y en sus proveedores. Una estrategia cuyo impacto en la seguridad de los pasajeros está siendo, aún, investigada. 

Fuente: Cinco Días