Los problemas del B737 MAX pegaron un bocado mayor del esperado a los resultados de Boeing en el segundo trimestre. Hasta el punto de que la compañía aeroespacial y de defensa perdió 2.940 millones de dólares (2.639 millones de euros) en ese periodo, las mayores pérdidas trimestrales en su historia. Los vuelos del modelo de referencia del fabricante estadounidense para el corto y medio radio están suspendidos desde mediados de marzo, tras sufrir dos accidentes mortales en circunstancias muy similares en cinco meses.

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Los ingresos globales de Boeing cayeron un 35% entre abril y junio, hasta los 15.750 millones de dólares (14.136 millones de euros). Además, la empresa ha anunciado que retrasa el primer vuelo del nuevo modelo de largo recorrido B777X hasta comienzos de 2020, que inicialmente estaba previsto se hubiera realizado la pasada primavera pero se aplazó por los problemas con el B737 MAX. La primera entrega no se realizaría hasta finales del año que viene.

Boeing ganó hace un año 2.190 millones. La multinacional anticipó la semana pasada cargas por valor de 4.900 millones de dólares en estos resultados. A esta cantidad se añaden 1.700 millones en costes por los retrasos en la producción, adicionales a los 1.000 millones que se anunciaron en el primer trimestre. Estas cifras se hacen sobre la base de que el B737 MAX vuelva a operar antes de que acabe el ejercicio. Los ingresos son 5.000 millones menos de lo esperado.

Boeing es el mayor exportador de Estados Unidos. El bimotor de pasillo único es su producto estrella, al representar una tercera parte de las ventas. La compañía lo sigue ensamblando en Seattle pese a la suspensión de vuelos. Pero hace a un ritmo inferior, de 42 unidades mensuales, y se le acumulan cerca de 300 aviones pendientes de entregar por todo el complejo donde los ensambla. La división de aviones comerciales perdió 4.950 millones.

En el segundo trimestre no recibió un solo pedido para el B737 MAX y de momento solo dos compañías anunciaron que cancela contratos. Los resultados muestran un flujo de caja negativo de 600 millones por la suspensión. El coste, por tanto, puede subir si la crisis se prolonga. Estas cifras, además, no incluyen el coste de los litigios asociados con los dos accidentes. Los analistas anticipan que Boeing seguirá arrastrando los problemas del B737 MAX durante un par de años.

Pendiente de que se levante el veto al avión

Dennis Muilenburg, consejero delegado de Boeing, explicó después en la presentación a los analistas que en este momento se están centrando en resolver un problema no relacionado con el sistema de estabilización. La intención, explicó, es mantener el actual ritmo de producción actual aunque no descarta que pueda reducirse de nuevo o incluso pararla por completo si el proceso de certificación se retrasa. A lo largo de 2020 se llevaría a las 57 unidades.

Aunque Boeing espera que el avión vuelva a estar en servicio a lo largo del cuarto trimestre, aún debe entregar a los reguladores la solución definitiva para que puedan probarla y certificarla, algo que no se espera hasta septiembre. Después se tendrá que instalar en los aviones ya ensamblados y se deberá formar a los pilotos. Las tres aerolíneas que lo operan en EE UU –Southwest, American Airlines y United- no esperan usarlo hasta noviembre.

Las compañías esperaban, además, las entregas de los nuevos aviones para abrir rutas adicionales. Eso también está provocando un retraso en la contratación de nuevos pilotos. De prolongarse, los problemas de Boeing también podrían afectar en gran medida a las compañías que le suministran componentes, como el conglomerado industrial General Electric. Incluso podría reflejarse en el crecimiento de EE UU.

Fuente: El País