El broche de Nadia Calviño anticipaba una noche larga, pero todo fue más corto de lo previsto. La ministra española de Economía en funciones llegó a la reunión del Eurogrupo luciendo un búho, ave nocturna por excelencia, pero pasada la medianoche de este jueves los ministros de Finanzas de la zona euro anunciaron un acuerdo sobre las grandes líneas maestras del primer presupuesto para la zona euro. A falta de cerrar el texto definitivo, que se presentará esta mañana, fuentes comunitarias explicaron que el pacto recoge las principales demandas de España y Francia: a pesar de la modesta dotación con la que echará a andar, tendrá mecanismos para luchar contra situaciones de crisis.

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El diseño del presupuesto de la zona euro se había convertido en una guerra de trincheras en la que, reunión a reunión, se ganaba o perdía terreno, pero siempre dejando para el siguiente encuentro una larga ristra de cuentas pendientes. Este jueves, los titulares de Finanzas de la UE dieron un nuevo paso adelante al cerrar en Luxemburgo un acuerdo sobre sus grandes líneas maestras. “¡Habemus acuerdo sobre el instrumento presupuestario para la zona euro!”, anunciaba con euforia el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, pasada la medianoche.

Antes de la reunión, Calviño había mostrado su optimismo por tener como “punto de partida” un borrador que recogía varias de las principales demandas españolas. A pesar de ser consciente de que el montante que se ha estado barajando para el periodo comprendido entre 2021 y 2027 —17.000 millones de euros— es exiguo para amortiguar eventuales crisis, España confiaba en que el proyecto que debía salir del Eurogrupo podía ser el embrión de un instrumento fiscal más potente y mejor dotado en el futuro. “El documento que tenemos sobre la mesa está más cerca de lo que España podría considerar aceptable”, celebró la ministra antes de la negociación.

Demandas de España

Aunque el texto final se conocerá a primera hora de la mañana de este jueves, fuentes comunitarias explicaron que recoge las dos principales reivindicaciones españolas. La primera, que los países en dificultades puedan dedicar ese dinero a inversiones y reformas sin más condiciones que las exigidas para acceder a otros fondos. Es decir, que recibir esos fondos no suponga ponerse un corsé similar al que exige un plan de rescate. España ya tuvo que plantarse en una reunión de mayo para que eso no ocurriera. La segunda demanda consiste en la posibilidad de que una parte de los fondos tenga carácter contracíclico, lo que permitiría recibir un balón de oxígeno a los Estados en dificultades que se quedan sin margen para gastar o disparan el déficit. Tras la reunión, el ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, confirmó a través de su cuenta de Twitter que los recursos del fondo podrán “modularse” dependiendo de la “situación económica”.

Los halcones, capitaneados por los Países Bajos, batallaron durante toda la negociación para que el nuevo instrumento no fuera un arma anticrisis, pero finalmente se impusieron las tesis de España y Francia. El ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, condicionó antes de la reunión cualquier intento de extender la chequera a reformas estructurales para garantizar que “el dinero está bien invertido”.

Detalles por pulir

Aun así, los ministros seguían al cierre de esta edición puliendo el documento final. Queda por ver si, como prevía el borrador inicial, este instrumento estará dentro del Marco Financiero Plurianual (MFP) pero para uso exclusivo de los Diecinueve. Eso ya reavivó recelos entre los países que no están en la moneda única. La ministra sueca Magdalena Andersson los expresó con el lema empleado por las colonias británicas en Norteamérica en el siglo XVIII. “No hay tributación sin representación”, advirtió.

La Comisión Europea, antes de la reunión, fue más cruda a la hora de expresar, por boca del comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, que apenas se ha colocado la primera piedra del edificio. “Francamente, no es el presupuesto de la zona euro con el que soñaba. Es un instrumento todavía modesto. Daríamos un primer paso que sería útil, pero no debe ser el último”, pidió. Moscovici insistió en que un auténtico presupuesto debe ir encaminado a “reducir las desigualdades y tener una verdadera función de estabilización».

Fuente: El País