Recuerdan en Ferrovial que tienen el activo más valioso del mundo. Es la autopista ETR 407 en Toronto, con un valor estimado de unos 11.600 millones de euros que es una enorme gallina ponedora de huevos de oro. Entre 2002 y 2018, según un análisis del Banco Santander, esa vía por la que pasan diariamente 415.000 vehículos creció en densidad a un ritmo del 2,7%, mientras que sus tarifas lo hacían en un 8,1% gracias a que la regulación canadiense no impone limitaciones de precio. Los managed lanes (viales gestionados con peajes dinámicos) de la multinacional en zonas donde hay gigantescos problemas de densidad urbana y una normativa muy laxa en cuanto a la fijación de tarifas están dando las mayores alegrías al grupo español. Y la Bolsa lo nota.

La última buena noticia llegará este mes en forma de dividendos: unos 125 millones (la cifra todavía no se ha concretado) que por primera vez saldrán de la caja de North Tarrant Express (NTE), un vial de los cuatro que gestiona en EE UU a través de su filial Cintra. Son concesiones a 52 años vista con tráficos diarios medios de entre 130.000 y 270.000 vehículos. Proyectos de valor en los que se ha enfocado la empresa que preside Rafael del Pino, en un país que permite aplicar precios dinámicos, que por ejemplo, garantizan a los conductores que podrán avanzar a una velocidad determinada por la vía haciendo que los peajes suban cuando hay mucha afluencia de vehículos y al revés. El modelo de Uber llevado a la carretera.

“Estamos construyendo el nuevo Ferrovial”, resumen en la compañía que desde el pasado octubre tiene como consejero delegado a Ignacio Madridejos. Norteamérica sigue en la diana de su radar. Para esa nueva empresa centrada en proyectos greenfield, infraestructuras completamente nuevas, Ferrovial detecta muchas oportunidades de la mano de la nueva movilidad y los servicios. En Maryland, por ejemplo, esperan que se saquen a concurso otras cuatro o cinco autopistas similares, de entre 30 y 50 kilómetros de recorrido, y acaban de comenzar las obras de la I-66 una de las arterias de Washington, que entrará en servicio en 2022. El país es interesante por tres razones: seguridad jurídica, un marco político estable y posibilidad de financiación. Lo dice el último informe de Bankinter sobre la compañía, que la recomienda como uno de los valores estrella de los últimos meses. Trump, cree el servicio de análisis del banco, podría recuperar su promesa de campaña de un gran plan de infraestructuras de cara a las presidenciales de noviembre de 2020, y “Ferrovial está bien posicionada para beneficiarse de ello”. A eso se suman las políticas de los bancos centrales que abonan un terreno de exceso de liquidez y pocas alternativas de inversión, ideal para las constructoras que se anotan crecimientos en toda Europa.

Trescientos sesenta y cinco millones en dividendos hasta octubre y golosos concursos ganados en otros destinos, como Reino Unido, hacen que la multinacional haya disparado su valor en Bolsa hasta los más de 20.000 millones tras una revalorización de un 52%, pese a que las ventas hasta septiembre están por debajo de las del año pasado (4.292 millones) y el resultado arroja pérdidas de 104 millones por una provisión de 345 de la división de construcción.

En 2019 la compañía también ha tenido sonoros tropiezos, como la decisión del aeropuerto de Denver de rescindir un contrato firmado con ella para remodelar y explotar la principal terminal durante 34 años. “Para nosotros fue un aprendizaje”, disculpan fuentes de la empresa, y trasladan que la fórmula usada para el cese del acuerdo, for convenience, no alude a razones objetivas y es más un “porque sí”. Detrás estuvo un problema con el hormigón de la obra original, hallado posteriormente, que disparaba los costes.

Globalmente, su división de construcción cae en ventas aunque no lo hace su cartera de proyectos, que se sitúa en 11.365 millones. En la empresa destacan una elevada presencia en obras en Londres, donde han conseguido varios concursos, desde la ampliación del metro a la construcción del nuevo alcantarillado o un túnel bajo el Támesis, un proyecto de 1.170 millones en el que participan al 30%. En Polonia su constructora es la más grande del país y en España siguen atentos a que el nuevo Gobierno, llegue cuando llegue, anuncie algún plan de infraestructuras sociales en el que puedan participar.

Tras las autopistas y la construcción, otra de sus patas, los aeropuertos (Heathrow, Glasgow, Aberdeen y Southampton) han sorteado desastres como el colapso de Thomas Cook o el Brexit, ya descontado gracias a la contratación de coberturas y en el traslado a Holanda de su estructura internacional para seguir estando bajo el paraguas comunitario. Heathrow alcanzó cifras de tráfico récord hasta octubre, con 61 millones de viajeros.

Una operación que se hace de rogar

Cuando, en noviembre del año pasado, Ferrovial anunció la venta de toda su división de servicios, en la compañía pensaban que iba a ser una operación en bloque de toda la división, valorada en unos 2.000 millones. En abril su presidente, Rafael del Pino, aseguraba ante los accionistas que habría acuerdo en verano. Cumplidos 12 meses sin noticias de ningún comprador –y frustradas varias ofertas– ahora segmentan el objetivo. “Ahí seguimos. Estamos en el momento de venderlo por partes. Pueden ser bloques geográficos, por áreas de especialidad o una combinación de ambos”. Ese planteamiento, a día de hoy, es una decisión de no retorno, porque la compañía no ve su futuro con esa división. Con el dinero de la venta Ferrovial podría intentar rebajar una deuda bruta que alcanza los 9.611 millones.

Fuente: El País