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Juvé & Camps quiere ser algo más que cava

Representa a la cuarta generación de una estirpe de cavistas que lleva trabajando en la comarca del Penedés desde 1796. Y es la primera mujer que está al frente de una empresa que se vende y conoce como sinónimo de calidad en la cuna del cava: Juvé & Camps. Meritxell Juvé (Sant Sadurní d’Anoia, 1984) es la consejera delegada de una compañía cuya mayoría del capital ya no está en manos de la saga. En 2017 directivos de la empresa de hemoderivados Grifols compraron el 76% del capital de la bodeguera a través de la firma holandesa Scranton por algo más de 60 millones de euros a los descendientes de la familia que no estaban interesados en continuar tras un largo periodo de estancamiento de las ventas, preconizando un proceso que el año pasado siguieron los buques insignia del sector: Freixenet y Codorníu.

A Meritxell Juvé no le gusta la comparación con las dos grandes. “Somos una pequeña o mediana empresa. Ocupamos el puesto número 12 o 13 por producción, pero tenemos una marca muy reconocida”, dice. “Y en nuestro caso no existe ningún problema de márgenes comerciales [que haya propiciado la venta], ya que no competimos por volumen, sino en el segmento de grandes reservas, donde somos líderes con una cuota de mercado del 35%”. Justifica la pérdida del control del capital de los tres clanes familiares del cava indicando que este es un sector que interesa a los inversores, al que los extranjeros ven potencial. La versión oficial.

Sottovoce admite que las dificultades con las distintas ramas de la familia para llevar adelante los proyectos hacían más difícil la gestión de Juvé & Camps que ahora. Y pone un ejemplo. Su padre y presidente del grupo, Joan Juvé, llevaba años visitando las bodegas de Ribera de Duero para expandir la empresa familiar y no ha sido hasta el pasado septiembre cuando la cavista adquirió Pagos de Anguix, una bodega burgalesa con 43 hectáreas de viñedos en cuya compra y adaptación invertirá 10 millones de euros con la idea de potenciar su negocio vinícola, mucho menos conocido que el del cava, admite.

“Con Scranton no ha cambiado la gestión absolutamente nada. En todo caso, los proyectos que estaban parados, ahora los hemos puesto en marcha”, indica. Juvé no prevé crecimientos exponenciales de la actividad ni expansiones desaforadas. Sí sacar partido a los mimbres que tiene la compañía. Para empezar, a sus bodegas, que en octubre abrirán al público, promoviendo rutas vitivinícolas. “Era una asignatura pendiente”, dice. Esta es la primera fase del proyecto de enoturismo que la empresa tiene entre manos, cuyas obras requerirán medio millón de euros. En sus fincas, 250 hectáreas de viñedos ecológicos donde se vendimia a mano, hay al menos dos masías que están desaprovechadas y que ahora se van a explotar, una para destinarse al alquiler para eventos o como espacio de recreo para empresas y particulares, y otra para albergar un hotel de lujo tipo boutique. Se trata de un desarrollo a largo plazo, como casi todos los que aborda la compañía, y cuya inversión no está cuantificada aún, según su consejera delegada.

Otro de sus objetivos es relanzar los vinos del Penedés que produce a la sombra de los cavas de larga crianza, en los que se va a especializar más todavía. “Queremos hacer vinos de finca, apostar por parajes concretos”, asegura Meritxell Juvé. Y lo mismo en la bodega Pagos de Anguix, donde su producción se limitará a 350.000 o 400.000 botellas dentro de siete u ocho años, “ya que empezamos desde cero y en este negocio los tiempos de maduración son largos”.

Actualmente la marca, con 148 empleados, elabora 2,6 millones de botellas de cava al año (más de la mitad de ellas bajo la denominación gran reserva, que requiere crianzas superiores a 30 meses; a veces de 70, 80 o 108 meses, como ocurre con su cava de paraje) y 600.000 botellas más de vinos del Penedés. Las ventas de estos productos sumaron 23,4 millones de euros en 2018, señala la consejera delegada de Juvé & Camps, que define 2018 como un año estable aún sin cerrar oficialmente. Su objetivo para 2020 es recuperar la facturación de 2010, de 25,6 millones, que la crisis económica, y no los efectos del procés independentista catalán, ha relegado y, a más largo plazo, llegar como mucho a 30 millones “porque no pretendemos incrementar la producción”. “Nuestro crecimiento llegará de la compra de bodegas. Aunque todavía es pronto. Tenemos que arrancar el proyecto de Torres de Anguix”.

El aumento de la exportación, que realiza a 50 países y quiere potenciar, y sobre todo la marcha de Primeras Marcas, su empresa distribuidora de productos de terceros tales como el champán Louis Roederer o los vinos de Rueda Menade, han permitido capear la crisis.

Leves mejoras

Las ventas de la distribuidora sumaron 17,8 millones de euros en 2018, un 10,7% más que el año precedente. En total los ingresos del grupo Juvé & Camps rebasarán los 41 millones en 2018, una cifra ligeramente superior a la hace ocho años (36 millones), y los beneficios anuales seguirán estables en torno a 2,5 millones, según la consejera delegada.

La líder de la cavista está imprimiendo cambios en la gestión, pero poco a poco, como corresponde a una empresa familiar tradicional y muy apegada a la personalidad del presidente. Por ahora ha introducido las nuevas tecnologías en las oficinas y las viñas, donde experimentan con drones para mejorar el control de las cepas; ha agilizado algunos procesos “en los que no éramos eficientes”, como los logísticos, admite Juvé, que cree que las “nuevas generaciones de elaboradores vivimos un momento importante para el sector, tenemos que dar un gran paso para que los vinos espumosos despunten y pueda aumentar la categoría del cava en lugar del volumen”.

Fuente: El País

By |2019-03-02T22:05:27+00:00marzo 2nd, 2019|Actualidad de Empresas, Actualidad Económica, EL PAÍS|Comentarios desactivados en Juvé & Camps quiere ser algo más que cava