Dos habitaciones. Dos grupos de personas elegidas aleatoriamente. Mismos juegos y problemas a resolver. Reglas iguales para todos. Única diferencia: la temperatura. Una sala se mantiene a 22º, en la otra el termómetro marca 30º. ¿Los resultados son los mismos? No.

“La actitud destructiva con el prójimo es notablemente más elevada en la habitación calurosa. Este efecto es particularmente relevante en el país más pobre del experimento (Kenia). Además, las personas con una inteligencia por debajo de la media tuvieron una repuesta agresiva mayor al calor (un 12% más). Aunque no se observa ningún efecto del estrés termal en nuestra capacidad cognitiva, esta puede ser relevante en la respuesta antisocial ante el calor”, afirma investigación reciente.

Es el primer estudio que analiza de manera experimental cómo afecta el calor a nuestro comportamiento. “Nos interesa mucho saber cómo el cambio climático puede afectar al riesgo de conflicto y de guerras civiles”, explica Eduard Miguel uno de los autores, junto con Almas, Auffhammer, Bold, Bolliger, Dembo, Hsiang, Pikamura y Pickmans de Comportamiento destructivo, juicio y toma de decisiones económicas bajo estrés térmico.

Para los investigadores es importante reiterar que nuestra capacidad de resolver problemas o tomar decisiones razonadas no se ve alterada por la temperatura. Vamos, que no es verdad eso de no puedo pensar del calor que hace. “Esto sugiere que, al menos en nuestra muestra, una temperatura elevada puede desencadenar la agresión a través de su impacto sobre el afectividad y la excitación en lugar de nuestra capacidad cognitiva», concluyen.

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El experimento se realizó en Estados Unidos y en Kenia con grupos de seis personas en cada habitación durante seis meses. En total cerca de 2.000 participantes. A través de juegos analizaron la calidad de sus decisiones, su nivel de concentración, comportamiento social, nivel de cooperación… También se les preguntó sobre su nivel de felicidad y de alerta. El calor, claramente, incidía de manera negativa.

Estos resultados están en línea con estudios previos que sostenían que elevadas temperaturas incidían en las emociones negativas y desataban un efecto fisiológico que generaba agresividad. También se ha sugerido que los crímenes violentos y los conflictos en grupos son más probables cuando sube el termómetro.

Si los humanos nos volvemos más agresivos con el calor, ¿qué nos depara el futuro del cambio climático?

Por cada aumento de un grado de la temperatura del planeta, la frecuencia de la violencia entre individuos aumentará un 4% y la de las disputas entre grupos un 14%.

Geólogos, historiadores, politólogos, sociólogos, economistas, antropólogos… Todos llevan años buscando respuestas. Estas investigaciones han encontrado que las altas temperaturas no solo aumentan la conflictividad, también reducen la productividad, el comercio internacional, la actividad física, la fertilidad y aumentan las migraciones domésticas, el uso de energía, las transmisiones de SIDA…

Un metaanálisis de 60 de estos estudios llega a la siguiente conclusión: por cada aumento de un grado de la temperatura del planeta, la frecuencia de la violencia entre individuos aumentará un 4% y la de las disputas entre grupos un 14%.

“Existe un mayor consenso del que nos pensábamos respecto a la influencia del clima en los conflictos modernos”, sostiene la investigación Cuantificando la influencia del clima en el conflicto humano, de Hsiang, Burke y Miguel.

Hay otros que se han atrevido a ponerle más cifras a la cuestión: “Entre 2010 and 2099, en Estados Unidos el cambio climático provocará 22.000 asesinatos adicionales, 180.000 violaciones más, 2,2 millones agresiones, tres millones de hurtos, 1,3 millones de casos de robos de vehículos…” Son los pronósticos de Matthew Ranson basados en su estudio Crimen, tiempo y cambio climático. Este economista se dedicó a analizar el efecto del tiempo (recabando datos meteorológicos) en la actividad criminal en cerca de 3.000 condados estadounidenses durante 50 años.

Se ha encontrado un lado positivo…

Chile es una de las zonas sísmicas más activas del planeta. Allí otro estudio, Desastres naturales e indicadores de cohesión social comprobó que las zonas más expuestas a los terremotos eran también donde existía mayor cohesión social: satisfacción con la vida, confianza, comportamiento social, menores tasas de suicidio y elevados niveles de participación electoral.

“La gente en las áreas más afectadas es más probable realicen algún tío de voluntariado, son más generosas con obras de caridad y se ven menos envueltas en crímenes. Estas diferencias se van perdiendo con el tiempo, lo que refuerza la idea de la interacción entre la exposición a un terremoto y la cohesión social”, concluyen los autores Calo-Blanco, Kovarik, Mengel y Romero.

Si bien es cierto que un terremoto no es exactamente cambio climático, podría interpretarse como una variable proxya lo que sería una reacción a una riada o un huracán. “En este estudio los terremotos se usan como un experimento natural. Al igual que ocurre en un ensayo controlado aleatorio, hay un grupo control – donde no ocurre el seísmo – y otro de tratamiento – la zona afectada. Esto permite a los investigadores distinguir el impacto de los shocks destructivos en las preferencias sociales”, explica Pablo Braña, profesor de economía del comportamiento de la universidad Loyola Andalucía

¿Para qué sirve todo esto?

Entender las causas del conflicto humano es una cuestión muy relevante para las ciencias sociales. En este caso, entender los mecanismos a través de los cuales nos afecta el cambio climático es importante para poder diseñar políticas y tecnologías eficaces, aunque la tarea se complica si afecta a nuestros procesos mentales internos. Así que las principales hipótesis sobre el cambio climático y el comportamiento humano son:

  • Los factores son externos. En este caso el efecto sobre el comportamiento de las personas sería indirecto. Por ejemplo, en países pobres, extremas precipitaciones con efectos en la producción agrícola y los ingresos están asociados con tasas más altas de violencia personal y delitos contra la propiedad.
  • Son procesos mentales internos que rigen nuestra toma de decisiones los que se ven afectados directamente por las altas temperaturas. Es el caso de la mayor propensión a una actitud agresiva o violenta cuando hace calor.
  • El cambio climático no supondrá una mayor conflictividad porque será tan gradual que la sociedad se adaptará y el mundo moderno se hará menos susceptible a esos cambios. Es posible que las futuras poblaciones se adapten de una manera que todavía no hemos visto.

¿Se pudo observar esta adaptación en el experimento de las dos habitaciones? Los grupos solo estuvieron una hora sometidos al calor. Es posible que los resultados fueran diferentes si se hubiese prolongado el tiempo… Pero claro, no era plan de hacerle eso a la gente en aras de la ciencia.

Fuente: El País