Los estudiantes españoles no le tienen miedo a los vaivenes del Brexit. La atracción de las universidades británicas es tal —seis de sus campus están entre los 50 mejores en el ranking de Shanghái— que cada vez más jóvenes tratan de estudiar allí la carrera. Hay unos 13.000 alumnos españoles en sus campus (en 2013 eran 9.500) —tantos como en la Universidad de Huelva— y desde que en 2016 se anunció el Brexit han crecido un 30% las solicitudes de acceso en la plataforma Universities and Colleges Admissions Service (UCAS). Sin embargo, las demandas de alemanes y búlgaros bajaron en UCAS un 10% este curso.

«Hemos perdido el miedo a cruzar fronteras, los chicos investigan cada vez más todas sus opciones y, además, nuestro inglés ha mejorado muchísimo», argumenta Carolina Jiménez, jefa de Educación y Sociedad en el British Council de Madrid, que organiza una feria de universidades británicas.

Frente a este entusiasmo las becas Erasmus, concedidas por la Unión Europea desde hace tres décadas, sí se han resentido ante el miedo de que nadie abonase la prestación. Este curso y el próximo, por ejemplo, ningún alumno de la Universidad de Cádiz cursará Erasmus en Reino Unido. «No podíamos arriesgarnos a que hubiese un Brexit sin preacuerdo. Me consta que otras universidades, como Sevilla, podían comprometerse a hacerse cargo de las becas si no llegaba el dinero», explica Rafael Jiménez, su vicerrector de Internacionalización en Cádiz. Pero incluso en Sevilla los becados a Reino Unido han bajado de 31 a 26 este curso. Además, si hablas inglés Reino Unido ya no es el único destino: «Ahora hay mucha oferta de grados en inglés en otros países como Polonia, Holanda, Alemania…».

La deserción de las aulas británicas se percibe en toda la Unión. En el curso 2015/2016 cursaron una estancia Erasmus en Reino Unido 31.067 alumnos, y dos años después fueron 31.877, aumentaron levemente, pero perdieron peso en el cómputo global de intercambios, pasando del 10,22% al 9,37%.
Desde el British Council Carolina Jiménez advierte de que el programa de becas actual llega hasta el 31 de diciembre de 2020. «A partir del 1 de enero de 2021 pasará lo que hayan acordado este año», dice, de modo que los erasmus que empiecen su beca a partir de entonces están hoy en un limbo, aunque presumiblemente habrá un pacto. También los que estudian la carrera entera pasarán entonces a ser extranjeros. «Reino Unido podría llenar mañana las aulas con estudiantes chinos», dice Jiménez, que está convencida de que el país buscará soluciones para otras nacionalidades: «La Universidad británica es tan competitiva porque es internacional, variada».

Este curso un español o un británico paga 9.250 libras (11.000 euros) al año de matrícula, salvo en Escocia donde los locales y los europeos —excluidos los alumnos de Inglaterra, Irlanda del Norte o Gales— están subvencionados y pagan unas 1.000 libras (1.200 euros). Los españoles que ya estudian en aulas británicas seguirán con estas condiciones y los venideros conocerán en estos meses los nuevos precios de matrícula establecidos. Como orientación, un estudiante no comunitario abona a partir de 12.000 libras (14.200 euros) anuales.

Jiménez insiste en las facilidades de estudio: «Si el universitario pide un préstamo, empieza a devolverlo al año siguiente a terminar la carrera siempre que sus ingresos estén por encima del salario medio de una persona sin estudios universitarios (35.000 euros). Se paga unas 30 libras al mes. Con estas condiciones cualquiera puede estudiar».

La jefa del British Council es aún más optimista con Erasmus: «Es un programa muy establecido, quitarlo supondría que todos perderíamos». El primer ministro Boris Johnson dio pruebas de su interés y las universidades españolas no dudan de que las becas continuarán. «Los estudiantes del Reino Unido seguirán disfrutando de los beneficios de los intercambios con nuestros amigos y socios europeos, y ellos también podrán venir», anunció en enero en la Cámara Baja. Pero no hay nada firmado.

Wenceslao Martín, director académico de la Internacionalización en Granada, explica que el programa Erasmus se concibe en proyectos de seis años (2014-2020) y ahora empezará uno nuevo (2021-2027) en el que Reino Unido tendrá que buscar encaje como miembro externo. «Hay seis países —Noruega, Turquía, Islandia, Liechtenstein, Serbia y Macedonia— que participan sin ser de la UE, aportando un dinero acordado. Reino Unido podría hacer lo mismo», plantea. Y expone una segunda opción: Erasmus+ ofrece desde 2015 movilidades a países asociados en cualquier lugar del mundo, aunque el presupuesto es mucho menor.

«Estamos firmando convenios bilaterales con universidades británicas que quieren continuar el programa Erasmus», cuenta Efrem Yildiz, vicerrector de Relaciones Internacionales en Salamanca. «Pero no creo que los políticos comunitarios sean tan poco hábiles como para no darse cuenta de que estos programas dan sentido a la Unión Europea. Sería un suicidio». Salamanca no se ha resentido, ha mandado a 77 becarios y recibido a 107 británicos.

A clase con visado, sanidad garantizada y título reconocido

El español Álvaro Fernández estudia Ingeniería Biomédica en el Imperial College London y no volvería a España: «Se tiene más contacto con los profesores; hay más trabajo individual y proyectos en grupo y una mayor opción de especialización». Su grado se imparte desde 1991, mientras en España acaban casi de empezar «Muchos españoles vienen porque hay una mayor oferta de carreras», opina. Y sostiene que «el nivel del profesorado y de la universidad es mucho mayor porque su gobierno invierte mucho».
«Los que estudien el año que viene van a tener que pedir un visado, pero dado que lo tramita la Universidad, no será complicado. Perderán también la tarjeta sanitaria europea, aunque con el visado accederán a la sanidad pública», cuenta Carolina Jiménez, del British Council. Y añade: «El reconocimiento de los estudios no será un problema, se rige por el Espacio Europeo de Educación Superior mediante un tratado que han firmado 48 países».
Hoy el visado universitario de los no comunitarios permite continuar en Reino Unido dos años más después de acabar la carrera aunque no encuentren trabajo. Fernández disfruta del Premio IELTS dotado con 10.000 euros que hay que gastar en los estudios (un cuarto de los alumnos estudian con un préstamo). Le gustaría seguir en el país cursando un doctorado o trabajando, porque en Reino Unido hay «muchas oportunidades inimaginables en España».

Fuente: El País